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Campoalegre, ejemplo nacional de lucha por la tierra

Ginna Tatiana Piragauta G.
Centro Noticias

El municipio fue considerado referente nacional de la reforma agraria por las grandes luchas sociales por la redistribución de la propiedad de la tierra. Estas luchas que iniciaron en los años sesenta hasta la década de los ochenta, fueron muy significativas para hombres, mujeres, niños, ancianos y jóvenes, pues estos movimientos de expresión popular representaron la realización de sus proyectos de vida.

Las luchas campesinas fueron reconocidas, además, porque lograron materializar una reforma agraria incluyente que reivindicó sus derechos frente al dominio terrateniente, la desprotección estatal, la ausencia de políticas públicas y de asistencia social.

Los movimientos campesinos aceleraron la repartición equitativa de tierras improductivas, incentivaron en la comunidad la necesidad de luchar y de movilizarse para ser reconocidos como sujetos de derecho. El municipio se benefició de la ampliación de la infraestructura urbana gracias a los programas de la reforma agraria emprendidos por sus habitantes, entre los cuales se encuentra la construcción del SENA de Angostura, que se logró a través de la gestión de recursos provenientes del extranjero y significó un eje en el desarrollo de la educación y la tecnificación del campo.

La resistencia civil en Campoalegre dejó la alegría de haber sido beneficiados por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria –INCORA- por medio de la parcelación de grandes extensiones de las tierras del municipio; pero también dejó desconsuelo por las desapariciones de campesinos y las muertes de algunos  líderes en el ámbito nacional.

El movimiento comunitario se ligó a dos formas de organización. Por un lado, estuvo la ANUC Sincelejo llamados también la ‘línea dura’, porque proclamaron como su método de lucha la movilización de las masas campesinas y la conquista de sus reivindicaciones. Sus acciones fueron las tomas, invasiones, manifestaciones éxodos, ocupación de oficinas y sitios públicos. De otra parte estuvo la ANUC  “línea Armenia”, que se caracterizó por una forma de lucha oficialista y contó con reconocimiento jurídico, porque consideraron que debían estar de la mano con el gobierno, ya que de él recibían lo que necesitaban.

La ANUC Línea Sincelejo, pese al ambiente antirreformista impuesto por Pastrana, radicalizó su posición y las vías de hecho se convirtieron en las principales acciones de esta organización. Según Gladys Salazar, en Campoalegre la ANUC en esos años de crisis realizó tomas reiteradas a los predios San Carlos, El Rincón, Candelaria y Sebastopol. Además, en 1.974 invadieron un predio en la zona urbana para construir vivienda, que luego recibió el nombre del barrio Sincelejo, y benefició a 110 familias. En 1975  el movimiento permitió que se parcelara la hacienda Arrolima, beneficiando a 25 familias con sus 156 hectáreas.

Las tomas de tierras

Las tomas de tierras en Colombia durante la década de los setenta se registraron principalmente en tres regiones: la Costa Atlántica, el Tolima Grande y los Llanos Orientales. En el Huila los procesos de  reforma agraria se concentraron en fincas inadecuadamente explotadas, con el propósito de crear en ellas empresas comunitarias. Estas invasiones se intensificaron en Yaguará, Aipe, Palermo, Campoalegre, Villavieja y Tello. Entre 1974 y 1978 los movimientos agrarios aumentaron su capacidad beligerante y se movilizaron a través de las invasiones como una forma real de adjudicarse los predios, a pesar de la represión y el hostigamiento de las fuerzas del Estado y de los terratenientes.

El ejemplo

El poder político, económico y social del municipio cambió significativamente gracias a la organización de los campesinos por una equitativa repartición de tierras a través de presiones, tomas, marchas y negociaciones con distintas personas y organizaciones. En estas luchas participaron decididamente hombres, mujeres y ancianos.

Se formaron también comités que velaron por garantizar los derechos humanos y los recursos económicos para las actividades de las luchas campesinas, principalmente para la difícil vida que experimentaron los núcleos familiares en las tomas de tierras. A través de la organización, la unidad y la formación de comités barriales, se dio paso a la creación de comités veredales y municipales. La beligerancia del movimiento campesino fue respaldada por otras organizaciones ciudadanas, como grupos juveniles, grupos universitarios, líderes indígenas y comunidades cristianas protestantes, quienes se solidarizaron con las demandas sociales de los campesinos.

La resistencia civil no solo hizo alusión al uso de la fuerza. Los campesinos también se valieron del uso de las expresiones culturales como el teatro – haciendo énfasis en la idiosincrasia campesina, la música, la oralidad y escritura-, para convocar gran afluencia de personas en lugares estratégicos de Neiva como el parque Santander y la Universidad Surcolombiana, para dar a conocer los problemas rurales en torno a las tierras y obtener el apoyo de la academia, organizaciones sindicales y personas.

La mujer y la lucha

La presencia pública de las mujeres en la toma de tierras, permitió a la sociedad establecer otros ideales de futuro respecto a las actividades ciudadanas de las mujeres. La inclusión social de ellas en la reforma agraria aportó a espacios de reconocimiento, dinamismo, cooperación y dualidad entre los hombres y  la familia; ya que las primeras acciones de movilización civil fueron emprendidas por los hombres y posteriormente apoyadas por mujeres y jóvenes, como parte de la resistencia colectiva. Las mujeres resignificaron las actividades cotidianas que desempeñaban desde el ámbito doméstico, en la esfera privada de la familia, a beneficio del movimiento campesino, pero esta vez, para favorecer la esfera pública de la resistencia social.

El papel desempeñado fue además del apoyo logístico, como gestoras independientes de recursos económicos, organizadoras de eventos culturales, mediadoras entre los campesinos y el Estado por su misma naturaleza maternal. Facilitaron los acuerdos entre campesinos y Estado y la devolución de los predios. Ellas eran las encargadas de  curar a los enfermos o heridos por la fuerza pública e hicieron agradable la subsistencia de los campesinos.

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